Pinturas y caligrafías
En el amplio vestíbulo del hotel donde nos alojábamos, un conocido artista de la región exponía sus pinturas y caligrafías, un aspecto de la cultura china que me ha fascinado desde que tengo uso de razón.
En ocasiones, el hombre, de aspecto tranquilo y bonachón, estaba pintando una de sus obras allí mismo, ante los ojos de los muchos visitantes. Otras veces, simplemente estaba allí, para vender sus pinturas, que eran realmente excelentes y de una belleza singular. Sobretodo las que representaban las conocidas peonías.... En más de una ocasión pude deleitarme observando cómo las plasmaba sobre el papel de arroz, con una técnica impecable y una maestría que denotaban muchos años de práctica. Las flores parecían emerger como por arte de magia sobre el papel, tras ligeras pinceladas por aquí y por allá. Y el blanco papel se convertía en una hermosa explosión de vivos colores y armónica belleza. Parecía que las flores hasta desprendían un olor tenue, de sutil fragancia....
También pintaba paisajes de estilo taoísta, en los que el hombre representado solo tenía un pequeñísimo protagonismo frente a la naturaleza. Estas pinturas presentaban los clásicos paisajes de escarpadas montañas, riscos, vetustos árboles, pequeños ríos y valles, basados en la orografía de las montañas de Huangshan, Taishan o Wudangshan.
En alguna ocasión oí a unos renombrados críticos de arte (?) hablar sobre este tipo de pinturas, tachándoles de minimalistas, poco reales y técnicamente básicas, y me pareció que estas personas, de verdad no tenían mucha idea de la cultura china, con sus múltiples facetas. Tampoco debían entender mucho de arte, pues eran incapaces de entender nada sobre lo que estaban hablando con somera alegría. Luego expresan su admiración y profundo conocimiento acerca de cuatro manchas sobre un lienzo, que supuestamente representa algo determinado...
Cuando en cierta ocasión, vi a mi Maestro Wang Bo pintar, comprendí que este acto, aparentemente superficial, encerraba algo muy especial; Era una manifestación del espíritu, era la energía plasmada en el papel. Sus flores, paisajes, animales, tenían vida; todo era un conjunto armonioso y de singular belleza, difícilmente descriptible con palabras. Su caligrafía era mucho más que caracteres surgidos de un estado espiritual. Diríase que el maestro, el pincel, los colores, el papel, sus gestos precisos y armoniosos, a veces enérgicos y vigorosos, otras suaves como una caricia, conformaban un todo, una sinfonía perfecta, cuya obra surgía sobre el papel. Viendo esto, ¿Quién puede criticar si el trazo es fuerte o débil, el dibujo es más o menos real, etc?.... Creo que los llamados críticos de arte, de cine, etc., son los menos indicados para hablar de todo ello. El arte solo pertenece al artista y los demás seremos meros espectadores silenciosos de esa obra.
Ver a este hombre pintar, era un verdadero placer, por lo que en muchas ocasiones me quedaba observándolo en su tarea. Eso condujo a una cierta confianza con él, lo propició que bajara sensiblemente los precios de algunas de sus obras por las que yo mostraba interés. Los precios, la verdad, no me parecían excesivos, aunque algunos estaban fuera de mis posibilidades económicas. Finalmente acabé comprándole 4 de sus obras, por menos de la mitad de lo que en un principio pedía por ellas. Creo que fue un buen negocio para ambos.....
Algunos días después, con la llegada de los americanos, el pintor hizo su “Agosto”, pues logró vender una gran cantidad de sus obras, y a unos precios, incluso por encima de los que tenía fijados. Vendió una de sus pinturas, por la que yo estaba interesado, por 2800 Yuan a un americano, cuando a mi me había pedido 1500, que tras las negociaciones iban por 400 Yuan....
El resultado es que unos pocos días después pregunté por él en recepción, extrañado de no verle, y me dijeron que estaba de vacaciones....
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